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Descartes y el problema del solipsismo

Cerraré ahora los ojos, me taparé los oídos, suspenderé mis sentidos; hasta borraré de mi pensamiento toda imagen de las cosas corpóreas, o, al menos, como eso es casi imposible, las reputaré vanas y falsas; de este modo, en coloquio sólo conmigo y examinando mis adentros, procuraré ir conociéndome mejor y hacerme más familiar a mí propio. Soy una cosa que piensa, es decir, que duda, afirma, niega, conoce unas pocas cosas, ignora otras muchas, ama, odia, quiere, no quiere, y que también imagina y siente, pues, como he observado más arriba, aunque lo que siento e imagino acaso no sea nada fuera de mí y en sí mismo, con todo estoy seguro de que esos modos de pensar residen y se hallan en mí, sin duda. Y con lo poco que acabo de decir, creo haber enumerado todo lo que sé de cierto, o, al menos, todo lo que he advertido saber hasta aquí.

René Descartes, Meditaciones metafísicas

          Descartes, a costa de recurrir a la intuición, a la introspección como forma de hallar una primera evidencia, se ha quedado solo. Todo cuanto tengo son ideas, representaciones mentales, ¿cómo saber si corresponden a algo fuera de mí? ¿Cómo saber (véase el tercer hipervínculo del texto) que no soy un cerebro en una cubeta?  Cierto, existo, soy una cosa que piensa pero, ¿aquello sobre lo que pienso y que no soy yo, es algo o soy también yo? Descartes recurrirá a un SuperYo, Dios, punto de vista absolutamente objetivo, para recuperar lo que de otro modo solo existiría relativamente al sujeto (es más, solo dentro del sujeto). Descartes, al demostrar la existencia de Dios, lo que demuestra es la objetividad en sí, única forma que halla de limitar la subjetividad absoluta (pero el camino del idealismo está ya trazado y es imparable).

¿Qué es la realidad? ¿Qué es el realismo? ¿No es realista Descartes negando no obstante la realidad externa? Al menos hay algo, yo.

¿Qué soy yo? ¿Es posible ser una sustancia que piensa sin existencia física, sin cuerpo? ¿Hay realmente sustancia o tiene razón Hume y solo conozco instantes del yo unidos, tal vez erróneamente, por la memoria? Los replicantes de Blade Runner creen en su pasado tanto como cualquiera de nosotros, no obstante sus recuerdos les fueron insertados artificialmente, ¿cómo saber que no somos replicantes?

El sujeto moderno

Velazquez-Meninas

          Ninguna obra de arte permite introducir mejor el pensamiento de Descartes en Historia de la Filosofía en 2º de Bachillerato que Las meninas de Velázquez.

          Sin ponernos en exceso foucaultianos, este cuadro es la modernidad en sí misma por el juego de dudas barrocas que genera en el espectador. Se trata una pintura que nos obliga a preguntarnos por la representación misma y por tanto por el sujeto como mente que genera representaciones de la realidad, por la res cogitans y su relación con la res extensa, por la relación entre las ideas y el mundo… y así por la existencia misma de la realidad fuera de la mente del sujeto, de su representación.

          ¿Qué cuadro pinta Velázquez? ¿Quién acaba de irrumpir en la escena? El cuadro nos obliga a hacernos estas preguntas y nos permite responderlas en parte, pero en la interrogación misma queda claro qué es lo que realmente está pintado en el cuadro: el espacio, la superficie, ¿la extensión? O sea que el cuadro es lo que no soy yo, es lo representable, y eso me descubre a mí, espectador, como generador de representaciones, como un figurador. Lo que el cuadro representa es la representación misma, al igual que el Quijote trata de la literatura y el racionalismo cartesiano de la propia razón.

          Los Reyes, reflejados en el espejo, han interrumpido lo que fuera que estaban haciendo en el estudio del pintor la Infanta Margarita y su séquito, que dirige su mirada a los Reyes, a nosotros. ¿Quién contempla la escena? “Los Reyes” nos dice el espejo del fondo, “yo” nos dice nuestra presencia ante el cuadro. ¿Quién mira, qué es mirar, qué es ser una cosa que mira? Mira el pintor, mirar es pintar en nuestra mente, representar. ¿Y qué pinta Velázquez? ¿A los Reyes, a sí mismo o el propio cuadro que estamos viendo? La existencia de estas preguntas hace patente que la relación entre el sujeto y el objeto no es obvia. Al sujeto moderno ni la physis (como en Grecia) ni Dios (como en la Edad Media) le conceden un estatuto privilegiado que le garantice el acceso al conocimiento, nuestra relación con la realidad es engañosa como el cuadro de Velázquez, genera más dudas que certezas… y por eso es necesario un método.