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Wittgenstein en 40 min

Wittgenstein (1889-1951)

Wittgenstein (1889-1951)

Resumen del pensamiento wittgensteiniano

          El pensamiento filosófico de Wittgenstein suele dividirse en dos períodos. El primer período gira en torno a su primer trabajo importante, el Tractatus logico-philosophicus de 1921. De su segundo período resultaron las Investigaciones filosóficas, publicadas de manera póstuma en 1953. La filosofía defendida en estos dos periodos es tan diferente que se habla de un “primer Wittgenstein” y de un “segundo Wittgenstein”.

          El Tractatus se enmarca dentro del giro lingüístico (la idea de que el trabajo general de la filosofía no puede llevarse acabo sin un análisis previo del lenguaje) en filosofía y encaja con el proyecto general de la filosofía analítica de distinguir los problemas reales de la ciencia frente a los pseudoproblemas filosóficos que nacen del mal uso del lenguaje. Así, en esta obra Wittgenstein se centra en el análisis lógico del lenguaje y sus límites.

            Wittgenstein defiende una teoría isomórfica lenguaje-mundo, esto es el lenguaje es una forma de representación de la realidad, las proposiciones del lenguaje figuran (pintan) hechos del mundo, y su significado depende de su valor de verdad que viene dado por su referencia (los hechos que representan). Lo que el lenguaje comparte con la realidad y que lo dota de sentido es la forma lógica, que consiste en una relación posible entre elementos simples que puede ser reproducida por el lenguaje.

            Los elementos simples de la realidad son los objetos que forman los elementos complejos que son los estados de cosas de la realidad y los hechos del mundo. Los estados de cosas son las relaciones posibles entre objetos, y la realidad es el conjunto de todos los estados de cosas posibles. Los hechos son los estados de cosas existentes, que de verdad ocurren, y el mundo es la totalidad de los hechos.

            Los nombres son los elementos simples del lenguaje, y forman proposiciones elementales a partir de las cuales elaborar proposiciones complejas. El lenguaje es el conjunto de todas las proposiciones elementales, que corresponden a todos los estados de cosas de la realidad, los nombres que las conforman corresponden a los objetos, y si dichas proposiciones elementales son verdaderas corresponden al mundo.

            Una proposición que comparta la forma lógica de un estado de cosas tendrá significado, una proposición que afirme un hecho será verdadera. En esto consiste su teoría referencialista del significado.

            Pero el lenguaje no siempre habla de la realidad, no siempre tiene referencia, la filosofía misma (el propio Tractatus) habla acerca del hablar de la realidad (es trascendental). Así pues el lenguaje puede o bien decir (figurar, representar la realidad), o bien mostrar (expresar, exhibir) aquello que no pertenece a la realidad (la forma lógica, que no puede decirse porque no es un objeto, es la condición de posibilidad del decir mismo, del significado). A aquello que se puede mostrar pero no decir lo llama Wittgenstein lo místico, que no debe entenderse en sentido tradicional, sino aunando lo trascendental, lo que está más allá de lo representable: así la lógica, la metafísica, la ética y la estética.

            La ética y la estética pretenden describir valores (lo bueno, lo bello), pero el mundo tan solo está poblado por hechos, los valores no representan ningún estado de cosas, pueden mostrarse pero no decirse. Lo mismo ocurre con la lógica y la metafísica, tratan de las condiciones de posibilidad del mundo, pero no de sus contenidos, luego sus afirmaciones no son proposiciones, no corresponden a estados de cosas.

            ¿Qué papel le está, pues, reservado a la filosofía? Las proposiciones de la filosofía son pseudoproposiciones, carecen de sentido, muestran sin decir, lo único para lo que sirven es precisamente para precisar los límites del sentido, del lenguaje, de lo que puede o no ser dicho. Así el Tractatus es autocontradictorio, sirve para descubrir la falta de sentido de las proposiciones filosóficas, también las del propio Tractatus, que una vez cumplido su objetivo ha de ser desechado. Queda abandonar la filosofía y dedicarse a la vida, donde está realmente en juego aquello se muestra, lo místico.

            Tras publicar el Tractatus Wittgenstein en efecto dejó la filosofía, hasta que al cabo de una década la retomó, con unas ideas muy diferentes de las anteriores y que plasmó sobre todo en su obra Investigaciones filosóficas, publicada dos años después de su muerte. Frente a su anterior intento por entender el lenguaje según el modelo de la lógica matemática, en su segunda etapa va a centrarse en el estudio del lenguaje ordinario. La filosofía del segundo Wittgenstein está pues dominada por el pragmatismo: no se trata de buscar la estructura lógica del lenguaje independientemente de sus condiciones de uso, sino ahondar precisamente en qué hace posible que existan los significados mediante el estudio de la forma en que efectivamente los hablantes significan, en que emplean el lenguaje.

            El segundo Wittgenstein renuncia tanto a concebir la relación entre mundo y lenguaje de forma isomórfica, como a considerar que el significado viene dado exclusivamente por la referencia de los nombres y las proposiciones. Los términos del lenguaje pueden tener significado careciendo de referencia, pues para el Wittgenstein de las Investigaciones Filosóficas el significado de una palabra es su uso en el lenguaje, y de hecho hacemos muchas cosas con el lenguaje que van más allá de describir la realidad. Y el que el uso sea lo que dota de significado a los términos quiere decir que el significado tampoco reside en el pensamiento, en el concepto, pues esto llevaría a admitir que los significados son “privados”, subjetivos e incomunicables. Significar pues, no es ni describir ni pensar, es una práctica conforme a reglas que permiten emplear términos en su contexto adecuado. El significado no está ni en el mundo ni en la mente, sino en el intercambio comunicativo, en la interpretación de una acción lingüística conforme a unas reglas públicas. El lenguaje es una actividad creativa regida por unas reglas.

            ¿Qué hacemos con el lenguaje al margen de describir la realidad? Según Wittgenstein existen múltiples usos o juegos del lenguaje (dar órdenes, contar un chiste, formar hipótesis…). Además de existir múltiples juegos del lenguaje, existen múltiples formas de vida definidas por cultura, hábito y tradición. Hablar el lenguaje forma parte de una forma de vida. Cada forma de vida privilegia unos juegos del lenguaje sobre otros, o incluso tiene algunos en exclusiva, lo cual puede hacerlas inconmensurables para otras forma de vida.

            La filosofía ha pretendido hablar desde fuera de cualquier juego del lenguaje (lo “en sí” es precisamente lo que está más allá de contextos y usos concretos), luego una vez más los enunciados filosóficos (especialmente los metafísicos) carecen de significado. La nueva tarea de la filosofía ha de ser devolver a las palabras de su uso metafísico a su uso cotidiano, esto es, la filosofía se concibe como una terapia para curar aquellas enfermedades que surgen de una mala comprensión del lenguaje y de sus usos (se trata de recontextualizar aquello que la filosofía había descontextualizado).

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