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Ortega en 40 minutos

Ortega y Gasset (1883 a 1955)

Ortega y Gasset (1883 a 1955)

Resumen del pensamiento orteguiano

          José Ortega y Gasset es miembro destacado de la llamada Generación del 14, cuyo objetivo principal es la regeneración democrática, cultural y científica de España. España sufre un atraso secular que la aleja de Europa y Ortega ve en ello el problema fundamental de España. Según Ortega “España es el problema, Europa es la solución”. Europa representa la actitud científica propia del objetivismo en que se basa la ciencia que discute, con un método y con precisión, acerca de teorías. Por el contrario España  representa el subjetivismo que lleva a discutir asuntos no definidos previamente, sin método, con un mero voluntarismo que enfrenta unos ideales con otros sin posibilidad de acuerdo.

          El raciovitalismo constituye la doctrina filosófica original de Ortega y trata de resolver el enfrentamiento tradicional entre idealismo (subjetivismo) y realismo (objetivismo), así como superar la dicotomía razón/vida. Según Ortega toda realidad (física, moral…) debe ser entendida desde la propia existencia, mi vida es la realidad radical (de raíz). De este modo las posturas antagónicas en liza en la filosofía de la modernidad (realismo e idealismo) no son válidas, son parciales: aunque es cierto que solo se pueden conocer las cosas a través del filtro del sujeto como pretende el idealismo, también es cierto que la conciencia es conciencia de algo. El yo o las cosas no son la auténtica realidad, sino dos porciones de la misma, no hay ni sujeto trascendental que conforma las cosas a su mente, ni un mundo trascendental de cosas a las que se conforma la mente del sujeto, la realidad radical es la vida, cada yo-con-las-cosas. No hay esencia previa, no hay naturaleza humana común a todos los hombres, “el hombre no tiene naturaleza, sino que tiene historia”, biografía (porque su historia, como su vida es suya, es personal).

          La vida se desarrolla dentro de una situación concreta, el sujeto es también cuanto le rodea, lo que está (stare) a su alrededor (circum): “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. La circunstancia es todo aquello que rodea a nuestro yo haciéndolo ser el que es, y siendo la que es por nuestro yo. La vida es la suma de un yo y las cosas que lo circunscriben. No se puede indicar donde acaba el mundo y dónde empieza el yo, porque el mundo del hombre no es mero “medio ambiente”, está transido de símbolos (lenguaje, tradiciones, artefactos…) que no obstante carecen de sentido sin sujeto que los contemple, el sentido del mundo de cada hombre es también su propio sentido, su ser es un ser con el mundo, es acontecer.

            Esta forma de vitalismo no es irracionalismo, Ortega defiende que existe una razón vital, pues la razón no es algo desgajado del mundo, sino que posee una función vital. La razón vital es “vida como razón”, ya que el hombre más que un ser dotado de razón es una realidad que tiene que usar la razón para vivir. Las categorías de la razón y de la vida se entrelazan porque la vida es:

  • Encontrarse en el mundo. “Me doy cuenta de mí en el mundo, de mí y del mundo, esto es por lo pronto vivir.”
  • Ocuparse de vivir en el mundo. La vida es tarea, es un quehacer, porque no es algo hecho de antemano sino por hacer.
  • Finalidad. Vivir es quehacer, es ocuparse en algo para algo. La vida no está nunca prefijada. No está prevista, es imprevista.
  • Libertad. Si la vida es imprevista, está por hacer, entonces la vida es un proyecto, algo que está abierto a múltiples posibilidades. “El hombre es novelista de sí mismo.”
  • Circunstancia. El mundo no me ofrece posibilidades ilimitadas, mi circunstancia es el límite de mi libertad.
  • Temporeidad. “En la raíz misma de nuestra vida hay un atributo temporal: la vida es futuración.”

          Por fin, podemos llevar una vida auténtica o inauténtica. Cada hombre tiene un quehacer impuesto por su yo íntimo que le impele a una vocación o a un destino, pero serle fiel o llegar incluso a falsificar su vida convirtiéndola en inauténtica al seguir una vocación que no es la suya.

          Ortega vuelve a una concepción griega de la verdad entendida no como correspondencia (adecuación mente-cosas) sino como desvelamiento (aletheia), dado que la razón es dinámica y está al servicio de la vida. Si yo soy yo y mi circunstancia, esto quiere decir que no hay verdades independientes de toda circunstancia, no hay verdades inmutables sino perspectivas de verdad. Cada ser humano es un punto de vista, está localizado en su circunstancia y desde ella mira, lo cual no supone relativismo ni escepticismo pues no se niega la verdad, sino que se afirma la verdad el conjunto de las perspectivas. Hasta ese momento se había defendido que solo una de las perspectivas sería válida (dogmatismo racionalista) o que cualquier perspectiva lo sería (vitalismo relativista). Frente a esto, Ortega considera que la verdad no es ni una ni cada una de las perspectivas, sino la suma de todas las perspectivas. Así, frente a la verdad objetiva del racionalismo fuera de toda perspectiva vital, de toda circunstancia, y frente a la verdad subjetiva del vitalismo, relativista, la verdad según Ortega sería trans o intersubjetiva, se da en la coalición y confrontación de perspectivas, en su intersección (no solo de sujetos concretos, sino también de pueblos de distintas épocas y lugares). La realidad es múltiple y las perspectivas resultan de esa multiplicidad de la realidad.

          A partir de 1924 Ortega habla ya de “razón histórica” frente a la razón vital, esta razón histórica es la proyección en el plano colectivo de lo que es la razón vital en el plano individual, y la función de esta razón es explicar el presente por el pasado, luego aquí la razón consiste en una narración. En la vida humana no hay hechos sino devenir que se materializa en el vivir, hacerse en y con las circunstancias. La razón histórica “entiende” y no solo “explica”, pues descubre el sentido de la realidad y lo interioriza en la existencia.

          Esta razón histórica permite distinguir entre ideas y creencias, convicciones en que somos o estamos. Las ideas son objeto de nuestro discurso, representaciones de la realidad que podemos someter a crítica y examinar. Las creencias son objeto de nuestra suposición, pues están tan arraigadas en nosotros que ni nos damos cuenta de ellas. Dominamos nuestras ideas y estamos dominados por nuestras creencias, vivir, moverse y ser en la idea constituye la creencia.

          La vida humana es ciertamente individual, pero conmigo existen otros individuos. Así la temporalidad humana es biográfica pero también generacional. Ortega distingue entre la vida interindividual (interacción de los individuos poblada de cosas tales como el amor o la amistad) y vida social (impersonal). En esta el ser humano actúa de modo mecánico pues se ajusta a convenciones, cada uno obra de un modo porque “está mandado” así. La vida social está pues gobernada por los usos que facilitan la convivencia y nos convierten en herederos del pasado. No osbtante existe el cambio social, que se da entre generaciones. Cada generación (que tiende a durar unos 15 años) es un “compromiso dinámico entre masa e individuo”, esto es, un periodo de cierta constancia vital porque coincide lo social con lo individual al haber un conjunto unitario de ideas y creencias compartidas. Pero en ocasiones una nueva generación rompe con las creencias anteriores se produce una fractura originándose una nueva época polémica y eliminatoria de la anterior.

          Ortega separa a los seres humanos en dos tipos: masa y minoría (minoría de vanguardia). El hombre masa tiende a conservar esquemas fijos y a vivir en el presente, y pertenece a la minoría quien tiende a romper moldes y a vivir mirando el futuro, y por ello vive con frecuencia condenado a no ser entendido por la masa. Ese molde que rompe la vanguardia es el de la llamada sensibilidad vital que según Ortega es el “fenómeno primario de la historia” parecido al estar a la altura de los tiempos que es el nivel histórico alcanzado en una época determinada. De la sensibilidad vital dependen nuestras valoraciones morales o estéticas, y estas a su vez condicionan las transformaciones políticas e industriales. No todo cambio generacional supone un cambio histórico, esto es, de sensibilidad vital, las relaciones entre generaciones pueden ser homogéneas (ambas generaciones comparten la misma sensibilidad vital, se mueven por las mismas ideas y creencias y se trata de una época acumulativa) o heterogéneas (en una época revolucionaria porque los intereses, las ideas y las creencias de las generaciones divergen).

          Para Ortega, al revés que para Hegel o Marx, no hay un momento final que permita superar la historia, el proceso del devenir histórico no tiene fin. También, considera falsas las concepciones de la historia colectivistas e individualistas, la suma de masa y minoría que comparten una sensibilidad vital, es la generación, y las generaciones son el motor de la historia.

 

Esquema conceptual del pensamiento orteguiano

Ortega en 23 minutos

 


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