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Marx en 45 minutos

Karl Marx (1818-1883)

Resumen del pensamiento marxista

          Marx se inicia en la filosofía en el marco de la izquierda hegeliana, y recoge algunos aspectos de la teoría de Hegel no obstante niega la mayor: el idealismo mismo. Para Marx el ser humano no es una conciencia, es ante todo un ser concreto, sensible, corporal. El hombre es pues un animal, un animal productivo, que transforma el mundo, su esencia es la praxis, el ser humano crea una realidad extranatural. Esa actividad creadora es el trabajo, luego el ser humano se realiza a través del trabajo, pues en el producto de su trabajo se manifiestan sus capacidades creativas y su voluntad. Ahora, este animal es también un ser social, el hombre es producto del conjunto de las relaciones sociales. El ser humano es al mismo tiempo un producto y un productor de la sociedad. Esto conlleva que el ser humano se realiza en su devenir como animal social, en el desarrollo de las relaciones sociales, esto es, en la historia. La esencia del ser humano evoluciona, como las sociedades, a lo largo de la historia, luego su ser es histórico.

          Marx parte del concepto de alienación (enajenación, extrañamiento) de la tradición hegeliana, que significa la pérdida de la propia identidad, el estar fuera de sí. Feuerbach recoge el concepto hegeliano de alienación aplicándolo a la teología, que según él cabe reducir a la antropología. Para Marx la alienación religiosa no es la causa del sufrimiento de los seres humanos, sino su consecuencia. El ser humano está alienado y por ello busca consuelo en la religión, que Marx concibe como “el opio del pueblo. Si el ser humano ha volcado sus cualidades en una realidad extramundana es que el mundo le es hostil, hay que estudiar las causas por las que el hombre sufre para erradicarlas. Es por tanto con respecto a su propia naturaleza con respecto a la cual el ser humano se halla alienado. La alienación se da cuando el trabajador considera el producto de su trabajo como algo ajeno a sí mismo y tiene lugar, por tanto, un distanciamiento y una deshumanización. En el caso del obrero en el capitalismo, este se ve alienado de cuatro formas: respecto al producto de su trabajo porque este no es su producto, no lo posee; respecto al trabajo mismo, a su actividad, porque el trabajo en cadena sería mecánico y no creativo, el obrero no se encuentra realizado en su trabajo, sino en su descanso, en las actividades de su vida privada (comer, dormir, procrear), luego en su animalidad, y lo que le hace humano, le es extraño; respecto a su naturaleza porque su cuerpo aparece como propiedad de otro; y respecto a los demás hombres porque es otro hombre el responsable de su enajenación.

          La pregunta es, si el hombre se define por la praxis, por su trabajo, ¿cómo ha llegado a este estado de desnaturalización, de dónde proviene la alienación? De la propiedad privada. La existencia de la propiedad privada determina un cierto modo de producción que parte la sociedad en grupos antagónicos por sus intereses, las clases sociales. De este modo, la economía determina la política, esto es, la materia determina las ideas, la conciencia que tiene de sí misma una sociedad, y no al revés como pretendía el idealismo. Pero la materia y los modos de producción, así como las ideas determinadas por estos, no son estáticas, sino dinámicas, evolucionan históricamente, en concreto mediante una estructura dialéctica de corte hegeliano. Este materialismo histórico se concreta en la evolución dialéctica de diferentes modos de producción compuestos por fuerzas productivas (la materia necesaria para la producción como herramientas, maquinaria, materia prima y trabajadores) y relaciones de producción (la división del trabajo a partir del reparto de la propiedad que genera las clases sociales). En todo modo de producción, las relaciones de producción acaban generando dos clases sociales enfrentadas, una que domina y otra que es dominada. Ese enfrentamiento, la lucha de clases, es el motor de la historia, que consiste en el desarrollo de los diversos modos de producción. A lo largo de la historia estos han sido: el esclavismo (relación amo/esclavo) de la Antigüedad, el feudalismo (relación campesino/señor) en la Edad Media, el gremialismo (relación oficial/maestro) en el Renacimiento y el capitalismo (relación obrero/capitalista) en la Era Moderna.

          Para explicar el proceso histórico por el que la sociedad evoluciona de un modo de producción al siguiente, Marx recoge el esquema dialéctico hegeliano que en él cobra la siguiente forma:

  • Tesis: se parte de un modo de producción concreto con su forma social correspondiente, una forma social que lleva dentro de sí su propia contradicción.
  • Antítesis: se trata de una negación de la forma social anterior que produce un cambio social en forma de revolución, y tiene lugar cuando la clase dominada toma conciencia de clase, esto es, se hace consciente de estar explotada.
  • Síntesis: la revolución lleva a un nuevo modo de producción y por tanto a la instauración de una nueva forma social.

          Según Marx este cíclico proceso histórico solo acabará cuando dejen de existir las clases sociales al abolirse la propiedad privada en el comunismo.

            Quela historia lo sea de los modos de producción, de la economía, significa que la infraestructura económica determina la superestructura ideológica, esto es, que la base de la sociedad es la estructura económica o infraestructura (modo de producción) y sobre ella se alza la estructura ideológica o superestructura que está compuesta por las diversas formas de conciencia, esto es, de ideas producidas por la sociedad (las instituciones y los principios del derecho, políticos, morales, religiosos, artísticos, filosóficos e incluso científicos) y cuya finalidad es justificar y reproducir el orden social existente, convertir un modo de producción de hecho en un sistema de derecho, legitimarlo.

            Las clases sociales de la sociedad capitalista son el proletariado (clase dominada) y la burguesía (clase dominante), conformadas respectivamente por los trabajadores que venden su fuerza de trabajo (carecen pues de propiedades) y los empresarios que ponen el capital necesario para la producción (controlan la propiedad privada). Según Marx el fundamento del modo de producción capitalista es la producción de mercancías, esto es, cualquier cosa elaborada con vistas a su intercambio por cualquier otra. Toda mercancía tendría dos valores: un valor de uso y un valor de cambio (real o en el mercado). Según Marx lo que genera el valor del producto es el trabajo, el valor de cambio real se mide por su valor social medido en la cantidad de horas por hombre necesarias para producirlo. De este modo, indirectamente la fuerza de trabajo del trabajador se convierte también en mercancía, aquella mercancía que permite la producción de otras mercancías y cuyo valor se mide en la cantidad de horas/hombre de trabajo necesario para producir aquellas cosas que mantengan al trabajador y a su familia con vida y en condiciones de seguir viviendo, esto es, un salario de sustento. La ganancia del capitalista con el valor producido por el trabajador es superior al gasto generado por el salario de este, esa diferencia es la plusvalía. Esta es la diferencia entre el coste de producción de una mercancía y el valor de cambio que obtiene finalmente esta, y que siempre es superior al primero. La explotación del hombre por el hombre sería pues inherente al sistema capitalista como a cualquier sociedad de clases. De acuerdo con Marx, la propia lógica interna del sistema capitalista producirá las condiciones para su superación, pues este produce crisis económicas periódicas, concentración del capital en cada vez menos manos y una sociedad cada vez más organizada y centralizada. Estos hechos permitirían por un lado la toma de conciencia de clase por parte de la clase dominada excluida del reparto de la riqueza que contribuye a generar, y por otra confiar en la posibilidad de prescindir de la minoría dueña del capital fácilmente mediante una revolución proletaria, al estar la sociedad ya perfectamente organizada y pudiéndose sustituir la organización impuesta por los capitalistas por la autogestión. La revolución tendría tres fases:

  1. Dictadura del proletariado (antítesis dialéctica del sistema capitalista, la tesis) por la que el proletariado se hace con el control del Estado y con los medios de producción burgueses.
  2. Socialismo por el que se colectivizan, estatalizándolos, los medios de producción, lo que permitiría abolir la propiedad privada y progresivamente de las clases sociales.
  3. Comunismo que supone la fase final (síntesis) de la revolución y de la historia al no generarse nuevas contradicciones por haber desaparecido la sociedad de clases, la propiedad privada y el Estado.

 

Esquema conceptual del pensamiento marxista

 

Marx en 29 minutos


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