Este blog no existe

Inicio » Historia de la Filosofía

Category Archives: Historia de la Filosofía

Nietzsche según Muchachada Nui

       Parece de coña… y es sorprendentemente fiel a la realidad: una breve biografía de Nietzsche.

Obras filosóficas para (casi) todos los públicos

          Cada fin de curso tengo la enorme satisfacción de recibir uno o dos mensajes de correo de alumnos que van a comenzar una carrera distinta de la de Filosofía en la universidad, pero que no querrían perder el contacto con una disciplina que ha logrado interesarles en el Bachillerato. Normalmente los alumnos piden que les recomiende obras de filosofía que puedan leer por su cuenta y me sugieren temas o autores que les atraen de forma particular. Con los años, pues, he ido elaborando una lista de novelas, ensayos y tratados filosóficos que cualquier estudiante universitario con inquietudes podría leer, pero esa lista inevitablemente tiene un cierto sesgo (supongo que porque yo mismo, por mis preferencias personales, consigo hacer más atractivos unos autores que otros, pero también porque hay ciertos temas filosóficos que preocupan de forma preferente a un joven adulto). Por ello hace tiempo que daba vueltas al proyecto de elaborar una lista de lecturas filosóficas que sirviera de guía no solo a mis alumnos (pasados, presentes y futuros), sino a cualquier persona con inquietudes intelectuales, y recientemente un amigo y antiguo compañero del instituto me pidió que le recomendara obras filosóficas para leer y ya no pude posponer más la tarea. He aquí pues mi lista de obras filosóficas (en verde las que considero más adecuadas para empezar) para no filósofos (y a continuación mis criterios para elaborarla):

Siglos IV-III AEC

  • PlatónCritónBanqueteFedro, Menón, Fedón, Gorgias, Apología de Sócrates, República, Protágoras, Hipias Mayor
  • AristótelesÉtica a Nicómaco, PolíticaPoética
  • EpicuroCarta a MeneceoCarta a Herodoto 

Siglo I AEC

  • CicerónSobre la república, Sobre la naturaleza de los dioses

Siglos I-III

Siglos IV-VI

Siglo XI

Siglo XVI

Siglo XVII

Siglo XVIII

  • Bernard MandevilleFábula de las abejas
  • George BerkeleyTres diálogos entre Hylas y Philonous
  • VoltaireTratado sobre la tolerancia, Cartas filosóficas, Diccionario filosófico 
  • DiderotPensamientos filosóficos
  • David HumeInvestigación sobre el entendimiento humano, Investigaciones sobre los principios de la moral, Diálogos sobre la religión natural
  • J.RousseauDiscurso acerca del origen de la desigualdad entre los hombresEl contrato social
  • Immanuel KantRespuesta a la pregunta “¿Qué es Ilustración?”,  Por la paz perpetua, Idea para una historia universal desde un punto de vista cosmopolitaFundamentación de la metafísica de las costumbres
  • Friedrich SchillerCartas para la educación estética del hombre
  • Mary WollstonecraftVindicación de los derechos de la mujer

Siglo XIX

Siglo XX

          Quiero mencionar además una obra que, sin ser propiamente una obra filosófica sino una introducción al pensamiento filosófico, me parece magistral. Si alguien quisiera tener una idea general de lo que es la filosofía, cuáles son sus principales problemas y respuestas, bastaría con que leyera Pensar, una incitación a la filosofía de Simon Blackburn.

          Todas las obras de la lista son, indudablemente (aunque tal vez habría quien lo discutiría respecto a las obras más recientes), grandes obras dentro de la historia de la filosofía, y lo que las hace más asequibles es al menos uno de los siguientes criterios: a) son obras divulgativas, b) son obras breves (o relativamente breves), c) emplean formatos como el diálogo o el relato de ficción que facilitan la lectura, d) si bien son obras académicas de filosofía no requieren de un dominio especial de la jerga filosófica más técnica, d) tratan temas generales y no específicos objetos de estudio de filósofos profesionales, e) no requieren de conocimientos especiales de otros autores u obras. Hay obras fundamentales de la historia de la filosofía que quedan fuera de esta lista por no cumplir ninguno de estos requisitos (por ejemplo la que tal vez sea la mayor obra filosófica de todos los tiempos, la Crítica de la Razón pura de Kant), pero es que el interés de hacer una selección es precisamente discriminar qué obras filosóficas además de importantes son asequibles para un lector avezado pero sin un entrenamiento filosófico especial. Quedan fuera de la lista muchas obras de metafísica y teoría del conocimiento, porque la mayor parte de las mismas no son fáciles de leer, así como las obras más escolásticas (en sentido estricto y en sentido figurado), y en cambio aparecen más obras vinculadas a cuestiones antropológicas, éticas o políticas, que suelen emplear una terminología menos alejada del uso común del lenguaje (o del uso técnico del lenguaje que existe en otras disciplinas).

         Dentro de la propia lista he querido distinguir libros para principiantes, obras realmente breves o divulgativas. El resto consiste en obras sencillas pero más largas, obras breves pero algo más técnicas, obras que emplean un vocabulario de época (o que supone cierta familiaridad con los sobreentendidos de la época) que puede resultar complicado para un lector actual, y obras largas y de una mayor complejidad filosófica y lingüística. He decidido no incluir artículos en la lista, sino obras completas (aunque algunas sean compilaciones de artículos).

          Ni que decir tiene que esta lista es mejorable, por lo que toda sugerencia será más que bienvenida, esta lista no deja de ser un proyecto en curso.

Ética, el gran combate: Kant vs Aristóteles

“La elección de Hércules” de Annibale Carracci

          Aunque existen muchos otros modelos éticos, los dos grandes sistemas de la historia de la filosofía son la ética de la virtud aristotélica y la ética del deber kantiana. Entran pues en liza una ética de acciones condicionadas por un fin último, la felicidad entendida como autorrealización, y una ética de acciones autónomas, fruto de una buena voluntad incondicionada comandada por el imperativo categórico. Aquí una muy breve presentación en Prezi con los principales mimbres de una y otra.

Agustín y el problema del mal

“El Juicio Final” de Miguel Ángel

          Agustín de Hipona se enfrenta a un problema aparentemente irresoluble: conciliar la existencia del mal en el mundo con la idea de un dios omnipotente y sumamente bueno. Por si eso no fuera suficiente, además Agustín requiere justificar la justicia del juicio divino sobre las acciones humanas a pesar de una tendencia hacia el mal por el Pecado Original y la salvación por la Gracia divina, lo cual viene a suponer hacer compatible la responsabilidad moral de los seres humanos con una cierta predestinación. Agustín logra esta cuadratura del círculo mediante el concepto de libre arbitrio. Aquí podéis acceder a una presentación en Prezi donde resumo el problema y su solución en seis diapositivas.

Agustín y el problema de la libertad

AGUSTÍN. Verdaderamente, si es así, la cuestión que has propuesto está resuelta. Ya que si el hombre es un bien, y si no le es posible actuar rectamente sin que Él lo quiera, ha debido tener, para actuar rectamente, libre albedrío. En efecto, respecto a que también peque por esa voluntad, no hay que creer que Dios se la haya dado para eso. Un motivo suficiente para que le haya sido dada dicha voluntad es que, sin ella, el hombre no podría actuar rectamente; y se comprende, por lo demás, que le haya sido dada para eso, por esta consideración: que Dios le castiga cuando la utiliza inadecuadamente para pecar; lo que sería injusto si la voluntad libre le hubiera sido dada no sólo para vivir rectamente, sino también para pecar. ¿Qué justicia habría, en efecto, en castigarle por haber aplicado la voluntad a un fin para el que ésta le hubiera sido dada? Así pues, cuando Dios castiga al pecador ¿no te parece que le dirija estas palabras: por qué no has aplicado tu libre voluntad al fin para el que te la he concedido, es decir, para actuar rectamente?

Agustín de HiponaDel libre arbitrio

Podemos considerar a Agustín el padre del concepto de libertad de la voluntad como liberum arbitrium indiferentiae, una versión que entiende la voluntad libre como incausada, espontánea, propia del asno de Buridán. El problema de Agustín es enorme, pues si bien tiende a pensarse que libertad y determinismo son opuestos, Agustín va más allá y ha de tratar de conciliar la libertad no ya con la determinación, sino con la predeterminación divina. esto es, con algo así como el destino.

Por otra parte, abordar la cuestión de la libertad es solo parte del problema que más inquieta a Agustín, el problema del mal: ¿Cómo puede un Dios omnipotente, omnisciente y sumamente bondadoso ser causa de un mundo tan imperfecto como este? La respuesta agustiniana será precisamente la libertad humana (además de una concepción del mal como privación, esto es, como no ser). Quien origina el bien es Dios, pero el ser humano, libre, es causa del mal. ¿Y por qué hacer libre al hombre si esto le lleva a pecar? En el anterior fragmento tenemos la respuesta: porque para merecer ser juzgado (y por tanto poder salvarse), hay que ser un sujeto moral, esto es, responsable de sus actos, y por tanto con capacidad para el bien y para el mal. Por así decir Dios según Agustín hace al hombre bueno en potencia, y esa posibilidad es un don, un bien… lo que pasa es que actualizamos nuestra potencialidad mal.

La oposición entre libertad y determinismo no es evidente, existen filósofos que defienden que son compatibles y otros que son incompatibles, y dentro de ambos grupos hay quienes consideran que la libertad es una ilusión y quienes consideran lo contrario. Lo que ya no trata de hacer la filosofía (fuera de círculos cristianos) es esa cuadratura del círculo que persigue Agustín: hacer compatibles predestinación, presciencia y gracia divinas ambas tres con una libertad propia de una causa incausada, de una voluntad absolutamente espontánea (y por tanto no predestinada, imprevisible y no agraciada casi por definición).

Hume y el problema de la inducción

Recapitulando, así pues, los razonamientos de esta sección: toda idea está copiada de alguna impresión o sentimiento que la precede, y allí donde no podamos hallar ninguna impresión, podemos tener la certeza de que no existirá ninguna idea. En todos los casos particulares de la operación de cuerpos o mentes, no existe nada que produzca ninguna impresión, por lo que consecuentemente no puede sugerir ninguna idea de poder o conexión necesaria. Sin embargo, cuando aparecen muchos casos uniformes y el mismo objeto es siempre seguido por el mismo evento, entonces empezamos a tener la noción de causa y conexión. Entonces sentimos una nueva emoción o impresión, a saber, una conexión, por costumbre, en el pensamiento o la imaginación, entre un objeto y su habitual seguimiento; y esta emoción es el original de aquella idea que estamos buscando. Pues como esta idea surge de una serie de casos similares, y no de ningún caso único, debe surgir de esa circunstancia en la que la serie de casos difieren de todo caso individual. Pero esta conexión de la costumbre o transición de la imaginación es la única circunstancia en que difieren. En todo particular restante son similares.

David Hume, Investigación sobre el entendimiento humano

David Hume plantea en este texto el problema fundamental del conocimiento empírico, de la ciencia: ¿Si solo tengo acceso a un número finito de casos, cómo es posible generalizar esa percepciones particulares elaborando una ley universal?

Este problema, el problema de la inducción, cobra formas diversas, como el de las esmeraldas verdules, pero al final se reduce a lo que señala Hume: lo que nos permite establecer leyes universales acerca de los hechos no es un a su vez hecho, sino una interpretación, un añadido de nuestra razón. Este problema tratará de resolverlo el idealismo trascendental kantiano, estableciendo que conocer algo siempre es conformarlo a al sujeto que conoce. A su vez, el falsacionismo de Popper trata de paliar el problema de la inducción aduciendo que toda teoría científica posee mayor o menor grado de verosimilitud, y no de verdad.

Conocer implica por una parte una descripción adecuada y coherente de la realidad, y por otra despejar las leyes que permiten predecir acontecimiento futuros. Pero toda ley establece una relación de causa y efecto entre dos hechos mediante un contrafáctico de tal forma que si se da la causa, no puede no darse el efecto. Así toda ley establece una conexión necesaria (no contingente, no podría no cumplirse) entre dos hechos, pero dicha conexión no es ella misma un hecho sino, como señala Hume, una esperanza generada en nuestra mente basada en la costumbre por todas nuestras experiencias anteriores. ¿Hecha la ley hecha la trampa?

Descartes y el problema del solipsismo

Cerraré ahora los ojos, me taparé los oídos, suspenderé mis sentidos; hasta borraré de mi pensamiento toda imagen de las cosas corpóreas, o, al menos, como eso es casi imposible, las reputaré vanas y falsas; de este modo, en coloquio sólo conmigo y examinando mis adentros, procuraré ir conociéndome mejor y hacerme más familiar a mí propio. Soy una cosa que piensa, es decir, que duda, afirma, niega, conoce unas pocas cosas, ignora otras muchas, ama, odia, quiere, no quiere, y que también imagina y siente, pues, como he observado más arriba, aunque lo que siento e imagino acaso no sea nada fuera de mí y en sí mismo, con todo estoy seguro de que esos modos de pensar residen y se hallan en mí, sin duda. Y con lo poco que acabo de decir, creo haber enumerado todo lo que sé de cierto, o, al menos, todo lo que he advertido saber hasta aquí.

René Descartes, Meditaciones metafísicas

          Descartes, a costa de recurrir a la intuición, a la introspección como forma de hallar una primera evidencia, se ha quedado solo. Todo cuanto tengo son ideas, representaciones mentales, ¿cómo saber si corresponden a algo fuera de mí? ¿Cómo saber (véase el tercer hipervínculo del texto) que no soy un cerebro en una cubeta?  Cierto, existo, soy una cosa que piensa pero, ¿aquello sobre lo que pienso y que no soy yo, es algo o soy también yo? Descartes recurrirá a un SuperYo, Dios, punto de vista absolutamente objetivo, para recuperar lo que de otro modo solo existiría relativamente al sujeto (es más, solo dentro del sujeto). Descartes, al demostrar la existencia de Dios, lo que demuestra es la objetividad en sí, única forma que halla de limitar la subjetividad absoluta (pero el camino del idealismo está ya trazado y es imparable).

¿Qué es la realidad? ¿Qué es el realismo? ¿No es realista Descartes negando no obstante la realidad externa? Al menos hay algo, yo.

¿Qué soy yo? ¿Es posible ser una sustancia que piensa sin existencia física, sin cuerpo? ¿Hay realmente sustancia o tiene razón Hume y solo conozco instantes del yo unidos, tal vez erróneamente, por la memoria? Los replicantes de Blade Runner creen en su pasado tanto como cualquiera de nosotros, no obstante sus recuerdos les fueron insertados artificialmente, ¿cómo saber que no somos replicantes?

El sujeto moderno

Velazquez-Meninas

          Ninguna obra de arte permite introducir mejor el pensamiento de Descartes en Historia de la Filosofía en 2º de Bachillerato que Las meninas de Velázquez.

          Sin ponernos en exceso foucaultianos, este cuadro es la modernidad en sí misma por el juego de dudas barrocas que genera en el espectador. Se trata una pintura que nos obliga a preguntarnos por la representación misma y por tanto por el sujeto como mente que genera representaciones de la realidad, por la res cogitans y su relación con la res extensa, por la relación entre las ideas y el mundo… y así por la existencia misma de la realidad fuera de la mente del sujeto, de su representación.

          ¿Qué cuadro pinta Velázquez? ¿Quién acaba de irrumpir en la escena? El cuadro nos obliga a hacernos estas preguntas y nos permite responderlas en parte, pero en la interrogación misma queda claro qué es lo que realmente está pintado en el cuadro: el espacio, la superficie, ¿la extensión? O sea que el cuadro es lo que no soy yo, es lo representable, y eso me descubre a mí, espectador, como generador de representaciones, como un figurador. Lo que el cuadro representa es la representación misma, al igual que el Quijote trata de la literatura y el racionalismo cartesiano de la propia razón.

          Los Reyes, reflejados en el espejo, han interrumpido lo que fuera que estaban haciendo en el estudio del pintor la Infanta Margarita y su séquito, que dirige su mirada a los Reyes, a nosotros. ¿Quién contempla la escena? “Los Reyes” nos dice el espejo del fondo, “yo” nos dice nuestra presencia ante el cuadro. ¿Quién mira, qué es mirar, qué es ser una cosa que mira? Mira el pintor, mirar es pintar en nuestra mente, representar. ¿Y qué pinta Velázquez? ¿A los Reyes, a sí mismo o el propio cuadro que estamos viendo? La existencia de estas preguntas hace patente que la relación entre el sujeto y el objeto no es obvia. Al sujeto moderno ni la physis (como en Grecia) ni Dios (como en la Edad Media) le conceden un estatuto privilegiado que le garantice el acceso al conocimiento, nuestra relación con la realidad es engañosa como el cuadro de Velázquez, genera más dudas que certezas… y por eso es necesario un método.

El sueño de la razón produce monstruos

Capricho 43, El sueño de la razón produce monstruos
Este grabado de Goya me sirve para introducir el tema “El idealismo alemán y sus críticos” de la Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato. En realidad se trata de un breve tema de transición entre la Ilustración (Rousseau y Kant) y el marxismo, que abordo a través de imágenes que tratan de explicar la reacción romántica a la Revolución Francesa.

          Los monstruos de la razón a los que refiero el grabado son los del Terror postrevolucionario, que tantas vidas se cobró no solo de enemigos de la revolución, sino de revolucionarios purgados por el Tribunal Revolucionario al mando del Comité de Salvación Pública, Terror que también ilustro con una imagen:

          Se trata de la muerte de Olympe de Gouges, intelectual revolucionaria, autora de panfletos, ensayos y obras dramáticas, crítica de la esclavitud y de la tiranía a la que su toma de partido por los girondinos y sus críticas a la revolución por excluir de la ciudadanía a las mujeres le valió ser pasada por la guillotina, y cuya injusta muerte no podemos olvidar hoy 8 de marzo.

          “Si las mujeres tienen derecho a subir al cadalso, también deberían tenerlo a subir a la tribuna.” Esta sentencia nos recuerda que el feminismo ilustrado (el germen del feminismo) solo buscaba “arrojar más luces sobre las Luces”, pero solo unos pocos ilustrados como Condorcet se mostraron dispuestos a compartir las justas demandas de la autora de la Declaración de derechos de la Mujer y de la Ciudadana.

          La razón no condujo a las ansiadas “libertad, igualdad y fraternidad”, y los románticos reaccionaron defendiendo que solo la educación sentimental, fundamentalmente a través del arte, llevaría a la esperada fraternidad, la “alegría” llevará a ese momento en que “todos los hombres serán hermanos” como oímos en el coro de Beethoven que canta la “Oda a la alegría” de Schiller, que clama por “la educación estética del Hombre” para realizar el ideal kantiano de la paz perpetua.

El eterno retorno según Nietzsche y Mahler

          El concepto de eterno retorno de lo mismo aparece en la “Canción del noctámbulo” de Así habló Zaratustra, a la que Gustav Mahler pone música en el cuarto movimiento (Sehr langsam. Misterioso. Durchaus ppp. “O Mensch!”) de su Sinfonía nº 3.

          A continuación ofrezco una presentación con el texto alemán y su traducción acompasada con la música de Mahler, todo ello ilustrado con cuadros de Caspar David Friedrich, algo que probablemente a Nietzsche le habría horrorizado, pues la eternidad nietzscheana no es la del romanticismo, esto es, la cristiana, la trascendente, sino una eternidad cíclica absolutamente inmanente.

          La calidad de imagen deja que desear en el vídeo, pero hay opción de descargar la presentación El eterno retorno